PARA PENSAR

Desde la sencillez, desde lo cotidiano queremos ofrecer en este espacio las reflexiones de Vicente, sacerdote que nos ayudó a celebrar en el colegio nuestra fe. Ahora no puede hacer ese servicio, pero le seguimos teniendo como referente.

Como enseguida veréis son palabras que nacen del día a día, de lo que a todos nos pasa y de la presencia de Dios en medio de todo eso.

Esperemos que estos textos os puedan ayudar a pensar/refelxionar/rezar desde lo sencillo.

En los últimos meses la parroquia en la que el Padre Vicente trabaja va colgando en su canal de You Tube videos con las homilias de los Domingos y "Escuelillas de vida" comentadas por él mismo. No tienen desperdicio así que animaros a ir escuchándolas.

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¿DE QUÉ SIRVE CREER?. 3/12013


                Introducción. Estamos terminado el año de la fe, y la verdad es que es necesario agradecer y valorar el Credo recibido de la gran tradición de creyentes que a lo largo del tiempo nos han dejado un sintético resumen de las verdades fundamentales de nuestra fe. Durante siglos, hombres y mujeres del mundo entero, han proclamado la confianza depositada en un Dios que es familia, comunidad de vida y de amor. Padre, Hijo y Espíritu Santo. Dios familia que nos ha dado por puro amor su Vida, manifestada en su cercanía y su presencia por la Encarnación de su Hijo Jesucristo. Tras pasar por la muerte, por el dolor, por la soledad y por la humillación, nos ha regalado la gran noticia que la muerte no tiene la última palabra, sino que el amor es más fuerte que todas las muertes, y que la resurrección es capaz de transformar los caminos de la historia.

                Tener una gran nube de testigos nos hace más fácil creer. Hombres y mujeres que han llegado a dar su vida, hasta el extremo, por Cristo y por el evangelio. "En consecuencia: teniendo una nube tan ingente de testigos, corramos, con constancia, en la carrera que nos toca, renunciando a todo lo que nos estorba y al pecado que nos asedia, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe, Jesús, quien, en lugar del gozo inmediato, soporto la cruz, despreciando la ignominia, y ahora está sentado a la derecha del trono de Dios". Heb 12, 1-2.

                Creemos en la Iglesia como comunidad de creyentes, continuación en la historia de la comunidad de Jesús que formó al llamar a los primeros discípulos, a los que luego envió a predicar su palabra.  Creemos en que la vida que nos regala Dios no termina, se transforma. La muerte ha sido vencida, ya no estamos condenados a vivir con miedo y con temor. El amor es capaz de expulsar todos los miedos incluidos el miedo a la muerte. Creemos en el perdón de los pecados, en la fuerza curativa de los sacramentos, y en la salvación.

                Pero es una tarea inaplazable construir nuestro propio credo, el que de forma existencial nace de la experiencia de vivir nuestra vida desde la fe. Es necesario personalizar e interiorizar nuestra fe, traducirla en nuestro propio lenguaje. Ver que nuestra vida cotidiana está llena de luz, de reflejos que saben a Evangelio, que Dios deja de ser una idea y se convierte en un amigo. Claro que creemos en el Dios que nos enseña la Iglesia, en el Credo de los apóstoles,  pero que necesario es que los creyentes no seamos sólo repetidores de unos dogmas, o de unas verdades aprendidas, formuladas en un lenguaje frío y distante. Sino protagonistas que hacen vida lo que han aprendido. Hacer experiencia de aquello que sabemos por la fe. No es lo mismo saber la receta de la paella, que cocinarla y comérnosla junto a los amigos. No es lo mismo leer un libro de autoayuda que nos recuerde lo valiosos que somos, que vivir cada día seguros del valor de nuestra vida, con la confianza, la alegría y el ánimo de quien sabe que va a triunfar. No es lo mismo recitar el credo, que sumergirse en la experiencia de sabernos y vivir como hijos de Dios.

                Lo que Dios nos dice. " Jesús volvió a Galilea con la fuerza del Espíritu ; y su fama se extendió por toda la comarca. Enseñaba en las sinagogas, y todos lo alababan. Fue a Nazaret, donde se había criado, entró en la sinagoga, como era su costumbre los sábados, y se puso en pie para hacer la lectura. Le entregaron  el rollo del profeta Isaías y, desenrollándolo, encontró el pasaje donde estaba escrito: El Espíritu del Señor está sobre mí, porque él me ha ungido. Me ha enviado a evangelizar a los pobres, a proclamar a los cautivos la libertad, y a los ciegos, la vista; a poner en libertad a los oprimidos;  a proclamar el año de gracia del Señor. Y, enrollando el rollo y devolviéndolo al que lo ayudaba, se sentó. Toda la sinagoga tenía los ojos clavados en él. Y él comenzó a decirles: Hoy se ha cumplido esta Escritura que acabáis de oír". Lc 4, 14-21.

                Actualizar la fe es descubrir que lo que Dios promete lo vamos reconociendo como real. Todos los relatos donde Jesús sana, cura, libera, anima, perdona, todo eso se cumple hoy en las personas que se dejan, que abren la puerta, que bajan de sus orgullos y de sus fortalezas, y se ponen a dialogar con Jesús cara a cara como Zaqueo. Hoy ha llegado la salvación a esta casa, significa que podemos sentirnos salvados, liberados, de todo nuestro pasado. Acompañados en todo momento por aquel que nos amó primero.

"Lo que existía desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros propios ojos, lo que contemplamos y palparon nuestras manos acerca del Verbo de la vida; pues la Vida se hizo visible, y nosotros hemos visto, damos testimonio y os anunciamos la vida eterna que estaba junto al padre y se nos manifestó. Eso que hemos visto y oído os lo anunciamos, para que estéis en comunión con nosotros y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo. Os escribimos esto, para que nuestro gozo sea completo". 1ªJn 1,1-4.

                Cómo podemos vivirlo. Tenemos que hacer un ejercicio continuo de reconocer y de agradecer lo que diariamente vivimos de la fe. Nuestra vida de oración, nuestros días acompañados por la palabra que nos acompaña. La cercanía de un Dios al que descubro en todo lo que vivo. Tener una comunidad con la que poder compartir la fe es un regalo, tener la posibilidad de celebrar, de compartir, de aprender, de proponer, de comprometerme a que las cosas cambien, mejoren, se transformen.

Poder prestar mi tiempo, mi sensibilidad, mi escucha y mi solidaridad, escuchando el sufrimiento de los demás, su soledad, su tristeza. Visitar enfermos, enseñar al que no sabe, compartir alegrías e ilusiones, todo es vivir la fe, crear el Reino, mostrar que Jesús está vivo, y nosotros somos testigos de esa espiral de amor, de aire limpio, de frescura, de novedad, que nos regala la fe.

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